Hace como un mes me realizaron esta nota, el motivo? Ser una mujer que busca a su hijo por dos vias... la cientifica y la del corazon...
Hoy... buscamos la del corazon... ojala que pronto nos encontremos.
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Natalia Zárate aguarda una notificación del juzgado que la convierta en madre
Foto: Gustavo Senn
Desde hace nueve años, Natalia Zárate persigue un sueño. Un sueño que le es esquivo, ya que ni la naturaleza ni la ciencia ni la Justicia logran, por el momento, hacerlo realidad. Pero, tras tres operaciones, dos tratamientos de fertilidad, miles de pesos menos y varias carpetas presentadas, no baja los brazos.
"Desde los 25 años busco ser madre. Yo tengo endometriosis, que provoca infertilidad. Lo loco es que para solucionar el problema te dicen que tenés que quedar embarazada", cuenta desde San Luis.
En 2002 se realizó una fertilización asistida y no dio resultado. Entonces, surgió la idea de intentar el camino de la adopción. "Ya hace más de tres años que estamos anotados en el registro de San Luis, donde la espera es de 6 a 8 años. Y en provincias como Córdoba se habla de demoras de 8 a 10 años. Aunque esto es mucho para una pareja, para un niño es toda su vida."
A medida que pasa el tiempo, Natalia y su marido van al juzgado a llenar más y más casilleros. "Al principio todos ponen entre sus deseos que sea un bebe sano, pero a medida que va pasando el tiempo te vas flexibilizando. La última vez pusimos que estamos dispuestos a adoptar hermanos de hasta seis años con problemas sociales", contó.
Para Natalia, tener un hijo biológico y un hijo del corazón sería su familia perfecta. Desde su blog www.unailusionporllegar.com.ar , mantiene vivo su sueño. Y no baja los brazos.
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Sabían que no podían tener un hijo biológico, pero ellos querían formar una familia. Gladys Santiago y su marido se anotaron en el Registro Unico de Aspirantes en 1998, y si bien la espera demoró menos de lo que muchos auguraban el camino de la adopción fue difícil. "Una espera dura y angustiosa, donde en lugar de recibir contención y apoyo te responden con maltratos y agresiones", cuenta a La Nacion Gladys, madre de Matías, de 9 años.
Su búsqueda comenzó cuando ella tenía 38 años. "Lo primero que me dijeron era que ya era vieja para adoptar y que seguramente tardaríamos muchos años", recuerda. A partir de ahí, la peregrinación fue incansable y la pareja comenzó a recorrer los juzgados de casi todo el país.
"Me anoté en todos los juzgados posibles y comencé a descubrir un circuito de inoperancia y otro camino paralelo, el de la ilegalidad. Enseguida descubrí que podía tener un hijo rápidamente a cambio de dinero, pero nosotros queríamos un hijo parido desde la verdad", reflexiona.
Después de varias visitas al juzgado de Misiones, una tarde sonó el teléfono. "Nos llamaron para avisarnos que había un bebe en el hospital, recién nacido. Al día siguiente tomamos el avión, y cuando llegamos nos encontramos con un bebe sietemesino de casi 900 gramos de peso, al cual su madre había entregado en adopción."
Matías había nacido con prematurez extrema y una gran cantidad de complicaciones. "Tomaba leche a través de una sonda, pero la vomitaba y no la podía asimilar. Entonces lo levanté y me lo puse en el pecho, y lentamente a partir de ese momento comenzó a resistir la leche a través de la sonda gástrica. Al otro día firmamos los papeles, mi marido viajó a Buenos Aires y yo me quedé con él hasta que tuviera un peso adecuado para trasladarlo."
Luego se internaron en el Sanatorio Otamendi "y en un mes Matías llegó a los 2,150 kilos", cuenta Gladys, que revive con emoción el día en que Matías tomó por primera vez la mamadera. "Recién ahí pude llorar... Hoy Mati tiene 9 años y ya me llega a los hombros. Y desde el día en que lo conocimos le hablamos con la verdad."
Oscar tiene 8 años. Los mismos que Viviana y Julio Godoy, un matrimonio de la ciudad de Santa Fe, estuvieron anotados en los registros de adopción de varias provincias. Los mismos que hoy, tras la llegada del hijo tan deseado, parecen pocos, porque la felicidad borra cualquier momento difícil del pasado.
Viviana y Oscar casi habían perdido la esperanza de convertirse en padres. "De los juzgados nos llamaban por chicos de 12 o 13 años, y nosotros queríamos uno que tuviera como máximo 3 o 4 años", explicó Viviana. Pero un día los llamaron del hogar Estrada para invitarla a una charla con padres adoptivos. Y todo cambió.
"Ahí vi a un nene de casi 7 años. Era Oscar, y me enamoré. Era igualito a mi marido, Julio. El parecido físico era increíble. Recuerdo que me dije «es él»."
Pero Oscar, que fue abandonado cuando tenía seis meses, no quería saber nada con tener una familia. "Sufrió mucho. El decía que iba a quedarse a vivir siempre en el hogar. El proceso de vinculación fue muy lento, empezamos a relacionarnos muy de a poco. Hoy el vínculo está creado, ya nos llama mamá y papá", contó emocionada Viviana.
Julio, que era reacio a adoptar chicos grandes, reconoce lo equivocado que estaba. "Yo quería un bebe porque quería criarlo a mi manera. Hasta que conocí a Oscar. Me animé a adoptar a un niño de 6 años y lo agradezco. El primer día que dijo «papá» fue maravilloso. Nosotros nunca lo presionamos para que lo hiciera, le dijimos que lo dijera cuando lo sintiera. Y así fue. Fue algo increíble."
Laura Reina
LA NACION
Hay esperas cargadas de esperanza. Otras, llenas de ansiedad. Las hay atravesadas por la angustia y la impotencia. Y hay una, en particular, que condensa a todas: la espera de un hijo adoptivo, que en la Argentina, en la mayoría de los casos, casi nunca es inferior a los 5 años, según estimaciones de especialistas y padres adoptivos.
Un proyecto de ley de la diputada nacional Cynthia Hotton busca reducir estos tiempos, ya que establece un período máximo de dos años para que el niño permanezca en un hogar o instituto. Pasado ese lapso, los jueces deberán encontrarle una familia.
Hoy, la realidad muestra a jueces de familia que deben decidir sobre la condición de adoptabilidad de chicos que, en muchos casos, cargan con una historia familiar muy complicada; a gente que omite la vía judicial y hace entregas directas a conocidos que carecen de validez legal; personas desesperadas que pagan por un hijo por fuera de la ley y más adultos dispuestos a adoptar que chicos en condición de ser adoptados son algunas de las causas que alargan los tiempos, según los especialistas.
El proyecto de la diputada macrista Hotton (Capital), inspirado en la norma recientemente sancionada en Brasil, hace foco en acortar los tiempos de institucionalización. "Hoy hay chicos que pasan más de 10 años en hogares del Estado. Para ellos es toda su infancia", dijo la legisladora.
Según explicó, este período máximo de dos años podrá cumplirse gracias a otra modificación de tiempos: el lapso que transcurre un menor sin recibir visitas de sus progenitores biológicos u otros familiares para entrar en estado de adoptabilidad.
"Hoy, un chico que recibe, al menos una vez al año, la visita de un familiar, no puede entrar en estado de adopción porque se interpreta que el vínculo con su familia biológica no está roto. Esta situación puede repetirse indefinidamente hasta que cumpla los 18 años, con lo que se le impide tener una familia", dijo Hotton. Para evitar estas situaciones, el proyecto contempla un máximo de seis meses para recibir visitas y, si después del tercer contacto el menor no es llevado por sus progenitores, puede entrar en estado de adoptabilidad.
Hasta el momento, en el Registro Unico de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos (Ruaga), que depende del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, hay 1863 postulantes, entre matrimonios y personas solteras o viudas, según informó a LA NACION Federica Otero, directora del Ruaga.
Pero, en realidad, son muchas más las personas que buscan adoptar, ya que a este registro adhirieron pocas provincias. Esto motivó su reemplazo por una Red de Registros locales interconectados, que impulse la cooperación entre jurisdicciones. Este decreto, reglamentado este mes, fue redactado por una comisión de especialistas, entre los que figura la psicóloga y asistente social Eva Giberti.
En el país no existen estadísticas oficiales sobre cuántos menores están en condiciones de ser adoptados. Precisamente, un proyecto de la senadora María Eugenia Estenssoro (Coalición Cívica), insta, entre otras cosas, a que se informen la cantidad de niños y adolescentes en estado de adoptabilidad en las instituciones del país y la razón por la que todavía no han egresado de esos hogares.
Un informe realizado en 2005 por la oficina local de Unicef y la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación hablaba de 16.600 chicos institucionalizados, pero no discriminaba entre los que estaban allí por cuestiones vinculadas con hechos delictivos de los que permanecían institucionalizados por causas asistenciales.
Pocos niños
Según el ex juez de familia Eduardo Cárdenas, fundador de Retoño, una ONG que brinda asesoramiento a familias en crisis, en la Argentina los tiempos de adopción son muy largos porque, contrariamente a lo que se cree, hay pocos niños para adoptar.
"En el país se ha extendido la entrega directa a conocidos, lo que repercute en la cantidad de niños en condiciones de ser adoptados a través del sistema formal. Si bien la entrega directa no está penada por la ley, no tiene validez jurídica, es decir, no genera derecho a adopción. Por eso, muchos padres después de la entrega directa buscan que un juez les dé la guarda y, después, la adopción definitiva".
Antes se reconocía la entrega directa mediante una escritura pública, pero luego se decretó su invalidez. "Se temía que la madre estuviera presionada. Y también se hizo para evitar la venta de niños. Pero esto, en lugar de mejorar los tiempos, los empeoró, porque la gente que va a entregar a un niño no lo hace en la Justicia", comentó Cárdenas.
De hecho, uno de los puntos más polémicos del proyecto Hotton es la posibilidad de que la madre elija a quién dar en adopción al bebe. "Estamos muy seguros de este punto porque siempre estará la mediación de un juez. La madre debe esgrimir argumentos sólidos (no puede decir que es porque no lo puede mantener) para que no haya un arreglo económico detrás. Por ejemplo, su elección puede tener que ver con criterios raciales o religiosos", explicó la diputada.
En la Capital los tiempos de espera suelen ser más largos que en las provincias del Norte, donde hay mayor cantidad de niños en condiciones de ser adoptados. "En Buenos Aires la espera puede ser de muchos años", estimó Cárdenas. Por eso, varios postulantes, además de inscribirse en el registro que les corresponde por residencia, lo hacen en aquellos que permiten adoptantes de otros lugares, como Salta, Jujuy, Formosa, Chaco, La Rioja, Catamarca, Corrientes, Entre Rios y Misiones.
Esperas muy largas
El abogado especialista en cuestiones de familia y niñez Alejandro Molina consideró que en el país las esperas son muy largas. "Pero es muy importante dejar de hablar de los tiempos de espera de los postulantes y de empezar a hablar de los tiempos de espera de los menores", dijo.
Molina, además, se refirió a la necesidad de distinguir entre estado de abandono y estado de semiabandono. "Un buen criterio para decretar el estado de abandono es observar la capacidad de ahijamiento o maternaje de un padre biológico. Hay que evaluar la actitud humana hacia el menor. Esto es lo que observa un juez para decretar el estado de adoptabilidad."
Pero un juez no toma esta decisión solo, sino basado en informes de equipos técnicos compuestos por psicólogos, médicos y asistentes sociales. "Lo que ocurre es que, lamentablemente, en muchos de estos equipos aparecen fundamentalismos del tipo «lo primero es la sangre» o «hay que darles a los progenitores otra oportunidad». Yo he llegado a ver chicos muertos por estos fundamentalismos", explicó el ex defensor de menores de Cámara.
Otras veces, la propia historia de abusos y maltratos sufridos por el niño perjudica sus posibilidades de crecer dentro de una familia. "Cuando se trabaja con chicos muy dañados, cuesta mucho encontrarles un hogar", comentó Molina.
Además, según Cárdenas, la figura de la adopción es muy compleja y tampoco es la solución para todo chico en estado de abandono.